sábado, 16 de septiembre de 2023

MI EXPERIENCIA PERSONAL

 


 23 de Julio de 1989

Cómo olvidar esa noche que puso mi vida de cabeza… Han transcurrido treinta y cuatro años desde entonces. Desde la noche en que experimenté una regresión a una vida anterior.   Con los años y gracias a regresiones que realizaron mis Maestros, conocí otras.
Sólo quien pasa por esa experiencia sabe lo que se vive.
Todo es absolutamente real y uno no duda ni por un instante que ES ese personaje que ha quedado guardado en el Alma y en los Registros Akáshicos.
En mi caso, cada vida anterior que se me permitió conocer tuvo como propósito corregir en ésta los errores (algunos graves) cometidos entonces, o hallar la explicación a las lecciones “sin sentido aparente” que la vida actual me hizo vivir. ¡Todo es aprendizaje!
Conocer las causas pretéritas permite poner luz a ciertas incomprensibles situaciones que uno ha vivido en la actualidad.  Dejan de existir los “culpables” externos que pasan a ser colaboradores para ir saldando  las cuentas Kármicas. Y uno se hace responsable por los aconteceres que el Alma eligió vivir con dicho propósito.
Conocer las vidas anteriores no es un juego ni un entretenimiento de salón… Y por lo general, tampoco es divertido. Volverse consciente del dolor que uno causó a otras personas no es divertido… Yo, al menos, salía de las regresiones con un profundo cargo de conciencia y un desolador sentimiento de culpa, que luego aprendí a trabajar y transmutar en compasión y servicio.
También pude constatar que las personas con las que nos vinculamos en esta vida, suelen ser las mismas con las que nos habíamos vinculado en vidas anteriores, aunque ejerciendo en el presente roles diferentes.
¡Qué indescriptible emoción fue descubrir, por ejemplo, al piloto alemán que me hirió en la guerra siendo en esta vida una muy querida amiga y médica personal! (¡Hicimos las paces al fin!)
“Dios no juega a los dados” le dijo Einstein a su amigo Max Born.

El libro que Richard Bach dedicó a su padre y que se titula “Nada es azar” comienza con una cita de su progenitor:


«Si permanecemos alerta, con la mente y los ojos
abiertos, comprenderemos el sentido de las cosas
simples: nos daremos cuenta del significado real de
aquellas situaciones que, de otra forma, encogiéndonos
de hombros, quizás habríamos llamado “casualidad”.»
 
(De una conferencia dictada por Roland Bach.)
 



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