Thorwald Dethlefsen es un escritor alemán estudioso del
ocultismo y la astrología aplicada al diagnóstico psicológico. Realizó durante
los años 70 varios experimentos con hipnosis, y desarrolló la terapia de la
reencarnación de la curación, utilizada todavía hoy por algunos terapeutas.
En el capítulo siete de su libro "Vida u destino
humano" [1] se refiere específicamente a la reencarnación como un proceso
natural que obedece al ritmo y polaridad de la vida.
Hace miles de años, los sabios escribieron en el Kybalion: "Nada
está en reposo, todo se mueve, todo es vibración. Todo es flujo y reflujo,
todo tiene su tiempo, todas las cosas suben y caen, la oscilación del péndulo
se ve en todo, la oscilación hacia la izquierda equivale a la que va hacia la
derecha, el ritmo compensa." vivir y estar muerto no es más que un ritmo como
inhalar y exhalar, vigilia y sueño, sólo que su dimensión mayor dificulta al
hombre verlo en su totalidad. La experiencia ratifica también aquí la validez
de la ley de que un polo evoca a su polo opuesto: la vida exige la muerte, lo
único seguro a la hora del nacimiento de
un ser vivo es .el hecho
de que algún día tendrá que morir.
La muerte sigue a la vida con la misma seguridad con que la exhalación sigue a
la inhalación. Y según la misma ley la muerte exige nuevamente la vida.
Dice Dethlefsen; "Esta peregrinación rítmica del alma a través de la vida y la muerte se llama, desde antiguos tiempos la transmigración de las almas o reencarnación (encarnación reiterada). Platón sabía de esto lo mismo que Goethe. Digo a propósito "sabía" y no "creía" porque la reencarnación no es una cuestión de creencia, sino de capacidad de percepción filosófica. Todo el mundo tiene derecho a creer en otra cosa que la reencarnación, pero debería tener bien en claro que una hipótesis sin reencarnación tiene un aire absurdo, 'porque solamente la reencarnación está en armonía con todas las leyes de este universo. Hemos definido el alma como conciencia y nos dimos cuenta que es esta conciencia del yo la que hace posible la continuidad de la experiencia constante del "mismo" yo, a pesar del cambio permanente del cuerpo material a través de muchas décadas de vida. La continuidad de la identidad empero, no se extiende solamente sobre los años de la vida terrenal, sino sobre el ritmo completo, cuyas fases llamamos la vida y la muerte. Es el alma la que en forma alternativa colecciona en una envoltura corporal sus experiencias en esta tierra, para vivir después una fase compensatoria, desprendida de la materia, que llamamos "muerte". La muerte no es "no ser", sino es solamente otra forma de ser polarmente opuesta. Así pues, morir no es más que traspasar aquel umbral que separa los dos reinos; de los vivos y de los muertos."
Y continúa explicando: "Solamente la cadena de las encarnaciones individuales, con las diferentes clases de un determinado tipo de colegio, Lo que nosotros llamamos una vida terrenal, corresponde a un grado escolar con sus deberes, problemas, dificultades, éxitos y fracasos. A tal período de aprendizaje le sigue un tiempo de vacaciones, donde a veces se tienen que repetir procesos de aprendizaje defectuosos u omitidos. Después de las vacaciones viene un nuevo período de clases. Lo que importa ahora es cuánto de todo el plan de estudios del último año se ha integrado a la conciencia. Según el caso, se continúa en la clase inmediatamente superior o se tiene que repetir el año."
Ese párrafo me resultó especialmente sorprendente, pues lo mismo nos enseñó el doctor Edward Bach y que escribió en su libro "Cúrese usted mismo".
Continúa explicando Dethlefsen: "Comprender el destino en su totalidad sólo es posible frente al telón de fondo de la reencarnación. Si se mira una vida aislada, entonces sí se podría dudar de la significación del poder del destino y por eso para algunos la duda se trueca en desesperación. Es evidente que no tienen en esta vida el mismo punto de partida y, ¡esto sí que no es por culpa de la sociedad! Tanto desde el punto de vista religioso como del ateo es bastante difícil de explicar a alguien por qué justamente él tiene que ser mudo o paralítico, lisiado o débil mental y por qué vio así la luz en este, "el mejor de todos los mundos", sin tener en cuenta el punto de vista de la re¬encarnación. Ni siquiera una indicación sobre las decisiones insondables de Dios sirve en casos así para transmitir una percepción de que todo esto tiene un significado."
La Ley del Karma
Esta relación de causa y efecto entre los actos del pasado y el transcurso del destino actual se llama en general el Karma. El Karma es la ley del equilibrio que se encarga de confrontar al hombre una y otra vez con el mismo tipo de problema hasta que haya re¬dimido el problema con su acción y se haya subordinado a la ley. De esta manera cada acto y hasta cada pensamiento se tornan in¬mortales e imborrables. Todos los actos y todos los pensamientos esperan ser compensados por un movimiento en la dirección opuesta.
La ley del Karma exige que el hombre asuma total responsabilidad por su destino, un paso que el hombre de nuestro tiempo no quiere dar. Es muy comprensible el rechazo de gran cantidad de personas hacia la enseñanza de la reencarnación, ya que, con mucho esmero y trabajo se han fabricado teorías al parecer perfectas, que liberan al hombre de su responsabilidad para consigo mismo y proyectan las culpas hacia la sociedad, los virus o las malas casualidades. Es comprensible que se espanten ante la mera idea de desenmascarar esas teorías refinadas de la astucia humana como estafa frente a sí mismo, dejando que se derrumben y que el individuo vuelva a buscar lisa y llanamente la culpa en su propio ser. Quien busca el sentido, primero encontrará la culpa. Si acepta la culpa, se le revelará el sentido.
Continuamos aprendiendo de Dethlefsen: "Muchas veces se oye la objeción de que sería bastante tonto y poco práctico olvidar siempre todo el saber que se ha acumulado a través de muchas encarnaciones y volver a empezar cada vez desde cero. Otros argumentan de manera opuesta; dicen que seguramente tiene su razón de ser no poder recordar las encarnaciones anteriores y de ahí deducen una prohibición de tornar consciente el saber sobre el pasado.
Pero no es cierto que se olvide el saber de las encarnaciones anteriores y que siempre se empieza de nuevo; sucede lo contrario. El hombre arranca en cada encarnación en su nivel evolutivo alcanzando hasta entonces. Generalmente se confunde el conocimiento concreto con la madurez que resulta del saber y saber hacer. Esto se podría comparar con las muchas cosas concretas aprendidas en el colegio, que hoy ya no sabemos. Pero la ocupación con estas cosas concretas y el propio proceso de aprender nos han educado, efecto que sigue existiendo aún cuando se pierda lo concreto. El efecto de aprender consiste en la ampliación de la conciencia, siendo de poca importancia el objeto mismo que estudiamos. Un juego de lectura sirve para aprender a leer; una vez alcanzado ese fin, ya no tiene valor para nosotros.
Todo lo que hemos aprendido en la cadena de nuestras encarnaciones, se refleja en la madurez y en el nivel de conciencia con el que hemos nacido ahora. Es justamente esto lo que produce las diferencias de inteligencia, madurez, capacidad, etc. La psicología sigue discutiendo el tema de si la inteligencia se hereda o se aprende. La respuesta es: ni lo uno, ni lo otro. El alma trae consigo un cierto nivel de evolución, que nada tiene que ver con la herencia ni tampoco es una cuestión de las muy citadas influencias del medio ambiente.
Los hombres no son todos iguales, tampoco en nuestros tiempos en que las voces que piden la nivelación son cada vez más fuertes. La igualación nada tiene que ver con la justicia, la manera de pensar jerárquica nada tiene que ver con la dictadura. Si en nuestra comparación las distintas encarnaciones corresponden a distintos grados de una escuela, entonces las distintas personas pertenecen a clases de aprendizajes distintas. A nadie se le ocurriría exigir a un niño de tercer curso que ejecute cálculos integrales. Cada uno tiene sus deberes y sus problemas según el escalón donde se encuentra en ese momento. No hay problemas objetivos y por eso nunca podrá haber soluciones válidas para todos. Los cálculos de fracciones le parecen muy, pero muy difíciles al niño de primer curso, para el de segundo año son un juego. Ambos enfoques son subjetivamente acertados, pero en nada conciernen al cálculo de fracciones. Lo mismo pasa con todos los problemas humanos. Fácilmente se olvidan los diferentes niveles de conciencia de los hombres, cuando se trata de que un cierto problema sea accesible para todos y cuando se pretende obtener soluciones obligatorias para todos. Las capacidades de vidas anteriores se traen a la actual encarnación como talentos, si tienen sentido y son útiles para cumplir con el deber actual. Las capacidades que no tienen nada que ver con el deber actual de esta vida se "olvidan" por así decir y esto está bien porque lo único que harían sería distraer al individuo de su actual plan de aprendizaje. Si se traen a esta vida talentos anteriores a través de una intromisión externa, a pesar de que esta capacidad no se hubiera demostrado por sí misma como un talento, se distrae eventualmente al paciente de su verdadero camino. Nuestra manera de pensar centrada en la utilidad da demasiado valor a las cosas en sí, olvidando que no son más que medios auxiliares. Hacer música o pintar no tiene ningún valor en sí, sino únicamente en relación a la persona que lo hace. Hacer música puede ser una fuente de profunda experiencia, pero una vez integrada a la conciencia, esa fuente ya no se necesita más."
"Si alguien fue un músico genial hace quinientos años, no por eso la música tiene que desempeñar necesariamente un rol en esta vida. Porque si el alma ha aprendido todo lo posible a través del contacto con la música, ésta ya no tiene mayor valor para ella."
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[1] Dethlefsen, Thorwald. La reencarnación En: Vida y destino humano; capítulo 7 Ed. Edaf S.A - 1984 ISBN: 9788471669759