Paramahansa Yogananda
En los cien años transcurridos desde el nacimiento de Paramahansa Yogananda, este amado maestro mundial ha llegado a ser reconocido como uno de los más grandes emisarios a Occidente de la antigua sabiduría de la India. Su vida y sus enseñanzas continúan siendo fuente de inspiración y de luz para personas de todas las razas, culturas y credos.
Después de su graduación en la Universidad de Calcuta en 1915, Mukunda hizo votos formales como monje de la venerable Orden Monástica Swami de la India, en cuyo momento recibió el nombre de Yogananda (que significa felicidad, ananda, a través de la unión divina, yoga). Su ardiente deseo de consagrar su vida al amor y al servicio de Dios encontró satisfacción.
Un día de 1920, mientras meditaba en la escuela de Ranchi, Yogananda tuvo una visión divina que le mostraba que era el momento de comenzar su trabajo en Occidente. Inmediatamente partió hacia Calcuta, donde al día siguiente fue invitado a servir como delegado de la India en un congreso internacional de líderes religiosos que se reuniría más tarde ese año, en Boston. Sri Yukteswar confirmó que era el momento adecuado y dijo: «Todas las puertas están abiertas para tí. Es ahora o nunca».
Poco antes de su partida, Yogananda fue visitado por Mahavatar Babaji, el inmortal maestro que restituyó para la época actual, la antigua ciencia del Kriya Yoga. «Tú eres a quien he elegido para difundir el mensaje del Kriya Yoga en Occidente —le dijo Babaji a Yogananda—. Hace mucho tiempo conversé con tu gurú, Yukteswar en una Kumbha Mela; y en aquella ocasión le dije que iba a enviarte a ti para que te preparara. El Kriya Yoga, la técnica científica de realización para conocer a Dios, terminará por difundirse en todos los países, ayudando a unir a las naciones por medio de la trascendental percepción personal que el hombre obtendrá del Padre Infinito».
En 1935, tras su regreso a la India, Sri Yukteswar, su Gurú, le confirió el más elevado título espiritual de la India: Paramahansa. Literalmente, «cisne supremo» (símbolo de discernimiento espiritual), el título significa que su poseedor ha alcanzado el estadio más elevado de la unión con Dios.
El relato de la vida de Yogananda,
Autobiografía de un yogui, se publicó en 1946 (y fue considerablemente ampliado por él en ediciones posteriores). El libro, que constituye un best seller permanente, se ha editado sin interrupción desde su primera aparición y se ha traducido a numerosos idiomas. Es mundialmente considerado como una obra clásica de la literatura espiritual.
En el CAPITULO XXVIII del mencionado libro, Yogananda describe un caso de reencarnación bajo el título “Kashi Renace y es vuelto a Encontrar”.
En el CAPITULO XXXV del mismo libro, bajo el título “La Vida Crística de Lahiri Mahasaya” Yogananda explica la relación que existía entre Jesús y Juan el Bautista:
“Deja ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia” (1)
En estas palabras a Juan el Bautista, y al pedirle a Juan que lo bautizara, Jesús reconocía los derechos divinos de su gurú.
Basado en un estudio reverente de la Biblia, desde el punto de vista oriental y (2) de percepción intuicional, estoy convencido de que Juan el Bautista fue en vidas pasadas el gurú de Jesucristo. Existen numerosos pasajes en la Biblia que infieren que Juan y Jesús, en su última encarnación, eran respectivamente Elijah y su discípulo Elisha. (Tal es su pronunciación en el Antiguo Testamento. Los traductores griegos lo deletrearon como Elías y Eliseo, y aparecen en el Nuevo Testamento en esta última forma).
El verdadero fin del Antiguo Testamento es la predicción de Elías y Eliseo: “He aquí que yo os envió a Elías el profeta, antes de que venga el día de Jehová, grande y terrible” (3).
Así Juan (Elías), “antes de la venida del Señor”, había nacido con alguna anticipación para servir de heraldo a Cristo. Un ángel se le apareció a Zacarías, el padre, para dar testimonio de que su hijo venidero, Juan, no sería otro que Elías (Elijah). “Mas el ángel le dijo a Zacarías: “No temas, porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabeth te parirá un hijo, y le llamarás de nombre Juan... y muchos de los hijos de Israel se volverán hacia el Señor su Dios; porque irá delante de él el espíritu y virtud de Elías, para orientar los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo perfecto” (4)
Jesús, inequívocamente, identificó dos veces a Elías como Juan: “Mas os digo, que ya vino Elías, y no lo conocieron...” Los discípulos entendieron entonces que les hablaba de Juan el Bautista (5). Otra vez Jesús dijo: “Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan profetizaron. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir” (6).
Cuando Juan negó que él fuera Elías (7), quiso decir que en la modesta vestidura de Juan, ya no venía con la alta investidura exterior de Elías (Elijah), el gran gurú. En su encarnación anterior ya él le había dado el “manto” de su gloria y su riqueza espiritual a su discípulo Eliseo (Elijah). “Y Eliseo dijo: Ruégote que las dos partes de tu espíritu sean sobre mí. Y el le dijo: Cosa difícil has pedido; sin embargo, si me vieres cuando fuere quitado de ti, serte ha hechos así. Y tomó el manto de Elías, que se le había caído...” (8)
Los papeles se habían cambiado, porque Elías-Juan ya no necesitaba ostensiblemente ser el gurú de Elisha-Jesús, entonces perfecto en realización divina.
Cuando Cristo fué transfigurado en la montaña (9), fue a su gurú Elías y a Moisés a quienes vio... Una vez más, en su hora postrera, en la cruz, Jesús pronunció el nombre divino: “Eli, Eli, ¿lama sabachthani?”, es decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Algunos de los que estaban allí cerca, cuando oyeron esto, dijeron: “Este hombre invoca a Elías... veamos si vendrá Elías a librarle” (10)
1 Marcos, III-15
2 Muchos pasajes bíblicos revelan que la ley de la reencarnación era ya comprendida y aceptada. Los ciclos de reencarnación son una explicación más razonable para los diferentes estados de evolución en que se encuentra la humanidad, mejor que la teoría común occidental de que algo (la conciencia del ego) sale de la nada, persiste con variantes de lozanía por treinta o noventa años y luego regresa a su original vacío. La naturaleza inconcebible de tal estado es un problema bueno para deleitar el corazón de los letrados de la Edad Media.
3 Malaquías, IV-5.
4 San Lucas, I-13/17.
5 San Mateo, XVII-12/
6 San Mateo, I-21.
7 San Juan, I-21.
8 II de los Reyes, 9/14.
9 San Mateo, XVII-3.
10 San Mateo, XXVII-46/49.
Y en su libro
“El Romance Divino”, Paramahansa Yogananda dice sobre la reencarnación:
“El recuerdo de vidas pasadas también desapareció de tu mente. Si todas las neuronas estuvieran activadas, podrías recordar todo. Recuerdo muchas de mis encarnaciones anteriores. No es una creencia; puedes probar eso, y he comprobado mis recuerdos de vidas pasadas. Varias personas me han escuchado mencionar una vida anterior donde viví durante muchos años en Inglaterra. He vivido bien en mi mente las experiencias de esa vida.
Hubo algunos detalles sobre la Torre de Londres que recuerdo muy bien, y cuando fui a Inglaterra en 1935, comprobé que los lugares eran exactamente como los imaginaba. Desde niño también sabía que en una encarnación anterior había vivido cerca del mar. Cuando era niño, solía ver internamente muchos lugares y eventos de esa encarnación. Cuando comenté el tema algunas personas se rieron de mí pero ya no se ríen. He podido probar que las visiones que tuve cuando era niño eran hechos reales.
Si estás tranquilo y te concentras lo suficientemente profundamente como para alcanzar un estado de conciencia cósmica, podrás recordar hasta los detalles más borrados de todas las experiencias pasadas, porque todo queda registrado en tu cerebro.”