Shanti Devi nació en
Delhi, India, en 1926 en el seno de una familia acomodada, económicamente. A
los cuatro años aproximadamente la pequeña comenzó a repetir una extraña
historia. Contaba con dramática elocuencia los recuerdos de otra existencia en
la cual había vivido bajo el nombre de Ludgi en compañía de Kedarnath, su
esposo, y de sus tres hijos.
Describía minuciosamente
su antiguo hogar del cual daba además la dirección afirmando que estaba en la
ciudad de Muttra al sudeste de Delhi, antiguamente Mathura, gran centro
político, religioso y artístico en los siglos III y II A.C.
Los padres al principio creyeron que se trataba de los balbuceos de una
criatura algo solitaria que pasaba gran parte del tiempo jugando con muñecas. A
pesar del paso del tiempo, la niña seguía repitiendo la misma historia,
transformándose en una especie de trauma obsesivo, y la familia, temiendo que
la niña sufriese algún desorden mental, la llevó al médico. El facultativo, que
estaba al tanto del caso, la examinó en su consultorio y luego la interrogó.
Shanti narró
nuevamente al médico lo que éste ya sabía de boca de su padre y agregó que
había muerto durante el parto de su tercer hijo en Muttra a fines de 1925, es
decir, casi un año antes de su nacimiento oficial en Delhi. El médico pidió
detalles de aquel embarazo y la pequeña le aportó un cuadro completo del
proceso físico y mental de ese estado, que sólo una mujer encinta podría haber
vivido.
Este médico, al
igual que otros que la investigaron años más tarde, concluyó que Shanti Devi
estaba sana de cuerpo y mente aunque en su diagnóstico no podía explicar
científicamente la naturaleza de aquella extraña historia.
Interviene Kishen Chand
Cuando Shanti
cumplió nueve años, su tío abuelo, el profesor Kishen Chand, decidió hacer algo
que hasta aquel momento a nadie se le había ocurrido. El anciano escribió una
carta al tal Kedarnath y la envió a Muttra a la dirección que tantas veces
había repetido la niña. Entre los parientes y amigos de la familia Devi se creó
una gran expectativa. ¿Existiría realmente Kedarnath y viviría en Muttra?
La misiva llegó
finalmente a su destinatario. La niña no había mentido o inventado. La reacción
del viudo después de leer las líneas donde Kishen Chand le narraba la
fantástica historia y lo invitaba a viajar a Delhi para encontrarse con la
familia Devi, fue una combinación de sorpresa y temor.
Kedarnath pensó en
un principio que Chand pensaba chantajearlo o despojarlo de parte de sus bienes
gananciales que había heredado al fallecer su esposa Ludgi en 1925.
Pero envuelto en sus
temores y preocupado por aclarar lo antes posible aquel sospechoso asunto,
decidió que lo prudente sería quedarse en Muttra y escribirle a su primo
hermano que residía entonces en Delhi, explicándole la situación. En la carta,
Kedarnath le pedía a su pariente que visitara de incógnito a la familia Devi
con cualquier excusa y le hiciese conocer su impresión de la honorabilidad y
honestidad de sus miembros a vuelta de correo.
La visita del primo de Kedarnath
El primo de
Kedarnath hizo exactamente lo que se le había pedido. En primer lugar pidió
discretamente referencias a los vecinos sobre la reputación de los Devi (que
era excelente), luego, para completar su misión, inventó una excusa comercial y
visitó cierta noche a la familia.
Golpeó la puerta de
la casa, y Shanti, que estaba ayudando a su madre en la cocina, corrió a abrir
la puerta de entrada. Como la niña se demoraba la señora Devi fue a ver qué
ocurría y encontró a su hija muda de estupor y temblando frente al recién
llegado que estaba no menos sorprendido, pues Shanti, que jamás en su vida lo
había visto, lo había reconocido de inmediato como el primo del esposo que
alguna vez también había vivido cerca de su hogar en Muttra.
Emocionado por todos
los detalles que la niña le daba de la vida familiar de Kedarnath, el joven
reconoció finalmente ser el primo del viudo y confesó al padre de Shanti, que
acababa de llegar a la casa, el verdadero propósito de su visita. Afirmó además
que, en efecto, todo lo que había dicho la pequeña Shanti era rigurosamente
cierto. Kedarnath vivía en Muttra con sus tres hijos. Su esposa Ludgi había
fallecido al tener su tercer hijo en 1925.
La madre de Ludgi,
una anciana viuda, habitaba una casa en las proximidades de la de su yerno. El
primo de Kedarnath relató esto cuando Shanti ya se había ido a dormir, pues no
quería perturbar aún más a la niña después de la inusual experiencia de la
velada. Entretanto se unió a aquella tertulia el profesor Kishen Chand y en
concilio de familia, con la anuencia del primo de Kedarnath, se acordó que el
señor Devi pagaría los pasajes de tren para Kedarnath y su hijo primogénito
hasta Delhi.
Los presentes se
comprometieron a no revelar bajo ninguna circunstancia estos planes a Shanti.
La llegada de Kedarnath y el impacto de la prensa
Quince días después
llegó Kedarnath a la casa de los Devi acompañado por el menor de sus tres
hijos. Para Shanti, que nada sabía del arreglo, fue otra dramática sorpresa.
Besó a Kedarnath, lo saludó como si reamente fuese su esposo, abrazó y apretujó
contra el pecho al niño que echó a llorar asustado por el extraño
comportamiento de aquella pequeña desconocida. La escena fue conmovedora para
Kedarnath y la familia Devi.
Hubo llanto,
admiración, estupor y curiosidad. Kedarnath se convenció de lo infundado de sus
primeros recelos, pero estaba muy confundido y no lograba entender a esa niña
que hablaba de cosas íntimas y comunes, familiares únicamente a él y Ludgi, su
difunta esposa. El hombre, totalmente desconcertado, regresó con su hijo aquel
mismo día a Muttra. El hecho ya había trascendido lo familiar para tomar estado
público.
El señor Desh Bandu
Grupta, por ejemplo, presidente en aquel tiempo de una importante cadena de
publicaciones (la All-India Newspaper Publishers Association) y Delegado
en el Parlamento de la India, ordenó llevar a cabo una encuesta del caso que
tuvo carácter semioficial. Se nombró una comisión ad honorem encabezada
por el propio Grupta para someter a Shanti Devi a una prueba final y
concluyente sobre lo que, en la India al menos, se consideraba una irrefutable
evidencia viviente de la reencarnación.
La comitiva
integrada por la niña, sus padres, Desh Bandu Grupta, Tara C. Mather, un
notario de renombre, y otros notables de Delhi partieron una mañana en tren
rumbo a Muttra. En el convoy había un alto número de periodistas locales y
extranjeros ávidos por saber cuál sería la reacción de Shanti cuando llegase a
la ciudad que la había visto nacer en su vida anterior.
El reconocimiento
La estación de
Muttra estaba repleta de curiosos. A su arribo Shanti dio la sensación de caer
en trance. Echó a andar como una sonámbula a través de las sinuosas calles de
la antigua ciudad seguida por la comitiva y una heterogénea muchedumbre. La
pequeña reencarnada se detenía por momentos frente a algún bazar, luego
continuaba avanzando para retroceder en alguna esquina y retomar su camino.
Llegó por fin hasta la casa de Kedarnath, y entró.
Allí vio nuevamente
a su hijo primogénito, reconoció al segundo pero no pudo identificar al
tercero, cuyo parto le había causado la muerte. Kedarnath aprovechó aquella
visita para preguntarle a Shanti si recordaba qué había hecho Ludgi con
unos valiosos anillos que él le había regalado antes de su muerte y que no
había podido encontrar desde entonces.
La niña, sin
vacilar, le señaló un lugar en el jardín y le explicó que ella, es decir
Ludgi, los había enterrado dentro de una caja. El hombre cavó superficialmente
en el sitio indicado y los halló.
Shanti Devi encontró
de la misma forma, sin conocimiento o ayuda previa, la casa de la que fuese su otra
madre y cuando la vio salió corriendo a su encuentro y la besó con el
rostro bañado en lágrimas. En todas las ocasiones las escenas eran patéticas y
hasta los más cínicos observadores se vieron forzados a aceptar que aquellas
demostraciones eran espontáneas, inexplicables y auténticas. La posibilidad de
un fraude había quedado excluida, pero los expertos no se ponían de acuerdo con
respecto a la esencia del fenómeno en sí.
¿Era una
manifestación histérica, paranormal, o era Shanti Devi la reencarnación de
Ludgi Kedarnath?
Final
Hasta el presente
sigue siendo el caso más impactante y mejor documentado que intenta demostrar
la realidad de la reencarnación. La publicidad resultó desastrosa para la vida
de La reencarnada de Delhi, como se la conoció a Shanti. Sus parientes,
esposo e hijos del pasado, acosados por el desfile de curiosos de todo
el mundo, cortaron toda relación con Shanti hasta el presente. Cuando se hizo
mujer, tuvo que luchar para vivir con su realidad.
Hasta hace unos años
residía en Nueva Delhi y trabajaba en una oficina pública, viviendo en soledad
y resignada. El profesor Indra Sen, del Instituto Sri Aurobindo de la
ciudad de Pondichery en la India, posee el archivo completo de este enigmático
caso (en el año 1958 el Washington Post norteamericano publicó algunas
notas y entrevistas con Shanti Devi).
Los hombres de ciencia
y los investigadores que trabajaron en el caso, concluyeron que una niña nacida
en Delhi, India, en 1926, parecía recordar con notable claridad otra
existencia vivida en Muttra y separada por el tenue velo de la muete.
Shanti Devi ha
escrito libros sobre su caso y la reencarnación en general, y también se ha
hablado de ella en muchos libros, conferencias y documentales.
FUENTE: (https://www.lr21.com.uy/comunidad/165871-reencarnacionel-asombroso-caso-de-la-nina-shanti-devi)
Nota: La noticia
de la reencarnación de Shanti Devi comenzó a darle la vuelta a la India hasta
llegar a oídos del mismísimo Mahatma Gandhi, quien después de conocer a ‘La
reencarnada de Delhi’ y escuchar su relato, ordenó una comisión para investigar
el caso a profundidad. Cuando los resultados fueron concluyentes y se demostró
que la niña no mentía, Gandhi corroboró su apoyo al caso.