Es necesario partir del hecho de que la energía no actúa por acción mecánica, sino por acción vibratoria y esta vibración se transmite y ejerce su influencia de un modo evidente y directo. La energía forma parte de ese universo de cosas que no pueden verse y que sólo se conocen por medio de sus efectos. Y no por eso dejan de ser tangibles y reales.
Leyendo los textos de Bach nos vamos a encontrar con conceptos tales como la naturaleza polar del hombre, el alma y el proceso de evolución en sí que nos remiten a una serie de referencias filosóficas, tales como principios del hinduismo y el pensamiento de personalidades como Kant, Schelling, Hegel, Goethe, Rudolf Steiner.
En lo estrictamente terapéutico, fue influenciado por la Homeopatía, la Antroposofía (que le sirvió de puente entre la homeopatía y los remedios florales) y la Medina Ayurveda.
Bach postuló la existencia de una polaridad básica entre dos instancias inherentes al hombre: el alma (lo permanente, lo inmortal, la energía esencial) y la personalidad (lo transitorio) Para Bach, la meta del alma es alcanzar la perfección, lo cual equivale a desarrollar a pleno todo su potencial (Individuación) y para ello deberá recorrer un camino donde la carencia será reemplazada por la completitud, los errores y defectos, por virtudes y la ignorancia por la sabiduría.
Nuestra vida actual no es más que un momento en este proceso. “Un día de colegio”, como decía Bach. El consideraba que el hombre encarna para obtener conocimiento y experiencia y así, encarnación tras encarnación, irá corrigiendo los errores o faltas que lo hacen imperfecto. Vivir es, por lo tanto una oportunidad de evolucionar hacia la perfección. En su libro Cúrese usted mismo dice: “…Esa breve estancia en la tierra, que conocemos como vida, no es más que un instante efímero en el curso de nuestra evolución, como podría serlo un día de colegio en el total de nuestra existencia. Aunque por momentos no podamos comprender más que ese único día, la intuición nos dice que el nacimiento está infinitamente lejos de ser el comienzo, y la muerte, igualmente lejos de nuestro final. Nuestras almas, que son realmente lo que nosotros somos, son inmortales, y los cuerpos que reconocemos conscientemente son temporarios. Como si fueran simpes caballos que montamos para realizar un viaje, o instrumentos que utilizamos para hacer un trabajo determinado…”.
En cada nueva encarnación, el alma elige las mejores circunstancias para que ello suceda. “Nosotros elegimos nuestras propias ocupaciones terrenales y las circunstancias externas que nos proporcionan las mejores oportunidades de probarnos al máximo” (E. Bach. Cúrese usted mismo).
Esta afirmación de Bach implica las ideas de Karma (Ley de Causa y Efecto) y de Reencarnación. De este modo, cada “día de colegio” representa un punto de una espiral cuyo principio y fin se encuentran muy lejanos.
El Dr. Bach atribuye la causa de nuestros conflictos al hecho de que la personalidad se ha apartado de la directriz del alma, ya sea por los propios deseos mundanos del ego o por la influencia de otros. Y ese conflicto nos lleva a la enfermedad.
Las treinta y ocho esencias florales que componen sus Sistema son instrumentos brindados por la Naturaleza para ayudar al hombre tanto en su dolor como en la búsqueda de la verdad. Son treinta y ocho remedios que se vinculan a otros tantos estados emocionales, y actúan elevando nuestra vibración y abriendo nuestros canales para la recepción de nuestro Ser Superior.
Como las Esencias actúan sobre la estructura energética del sujeto su influencia alcanza tanto el nivel psíquico como físico.
Y como dijo el propio Bach en la conferencia que dio en Febrero de 1931 en Southport ante un auditorio de médicos homeópatas: “Estos remedios curan, no atacando la enfermedad, sino colmando nuestros cuerpos con las hermosas vibraciones de nuestra Naturaleza Superior, en presencia de la cual la enfermedad se funde como la nieve bajo el Sol.”

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